Cuando comenzamos a trabajar este Sauvignon Blanc en el Valle de Casablanca, sabíamos que no queríamos hacer el típico blanco para tomar rápido y olvidar al día siguiente. Queríamos ver qué pasaba si le dábamos tiempo.
En Chile, el Sauvignon Blanc normalmente se asocia a vinos muy frescos, cítricos y explosivos en aromas. Y Casablanca tiene todo para eso: mañanas frías, influencia del océano Pacífico y una acidez natural increíble. Pero en Erizo decidimos ir por otro camino.
Nuestro Sauvignon Blanc nació en 2018 y, en vez de apresurarlo, lo dejamos evolucionar lentamente. Mientras muchos vinos cambian dentro de la botella, nosotros quisimos explorar cómo evoluciona el vino en estanque, manteniendo tensión, frescura y al mismo tiempo desarrollando nuevas capas de complejidad.
El resultado no es el Sauvignon Blanc típico.
Con el tiempo comenzaron a aparecer texturas más amplias, notas más maduras y una profundidad distinta. Sigue teniendo la energía costera de Casablanca, pero con un perfil mucho más gastronómico y menos obvio. Es un vino que cambia en la copa y que muchas veces sorprende a quienes esperan algo clásico.
En Erizo trabajamos con producciones pequeñas porque nos gusta tener libertad. No buscamos hacer miles de botellas iguales entre sí. Nos interesa experimentar, probar y dejar que cada vino tenga personalidad propia.
Por eso este Sauvignon Blanc no intenta parecerse a nadie.
Es un vino pensado para tomarse con calma, conversar y descubrir cómo el tiempo también puede ser parte de la elaboración. En un mundo donde todo parece tener que salir rápido, nosotros preferimos esperar.
Y creemos que valió la pena.